Las peripecias de las Cortes para encontrar su sitio

Hasta 1850 las Cortes no tuvieron una sede estable. Durante la primera mitad del siglo XIX fueron ocupando conventos, iglesias y teatros, acuciadas por la invasión napoleónica, primero, y por Fernando VII y su actitud veleta hacia la Constitución, después. La sede de la soberanía nacional tuvo que esperar a la muerte de este Rey para llegar a tener una dirección definitiva.

Cuenta Nicolás Pérez-Serrano Jaúregui que en 1841 el Congreso de los Diputados se traslada desde el ruinoso Convento del Espíritu Santo -sobre el que se erigirá el Palacio de las Cortes- al Salón de Baile del Teatro Real. Allí celebra sus sesiones durante los siete años que duran las obras en la Carrera de San Jerónimo (1843-1850). El nexo entre el Parlamento y el Teatro Real nos hace otro guiño pues previamente, en 1814, cuando las Cortes se trasladan de Cádiz a Madrid, ocuparon durante unos meses el Teatro de los Caños del Peral, sobre cuyo solar se colocará poco después, en 1818, la primera piedra del famoso foro operístico.

Este año conmemora, por tanto, las cuatro décadas de nuestra Constitución y el bicentenario del Teatro Real. Entre los actos previstos, una exposición y un acto institucional recordarán los breves periodos en que el Congreso se afincó en el coliseo lírico. Para quienes tengáis curiosidad por conocerlas todas, os dejamos en este post un reportaje en el que os sorprenderá el periplo recorrido por nuestros primeros representantes hasta que, por fin, consiguieron para todos una sede permanente en la Historia.

Cuaderno de bitácora de las Cortes Generales para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución española, aprobada el 6 de diciembre de 1978.

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